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El conocimiento tradicional nos abre el botiquín de la naturaleza

El conocimiento tradicional nos abre el botiquín de la naturaleza

En Perú, el reto de ofrecer atención médica a todos los ciudadanos ha motivado el interés en la medicina alternativa, basada en las tradiciones culturales.

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Bajo un cielo despejado e iluminado por la luz de la luna del viernes 13 de julio de 2018, Elide Sánchez Rivera da un paso y se introduce dentro de su propia estrella: un símbolo grande y blanco trazado con tiza sobre el polvoriento suelo. Con el sonido de las olas del océano de fondo, Sánchez se encuentra frente a un altar a la espera de que comience la curación.

Desde hace 2000 años, cuando los residentes de la costa norte de Perú se enferman, pueden recurrir a un curandero, uno de los sanadores chamánicos de la región. Su tratamiento consiste en un diagnóstico que dura toda la noche y mediante el cual el curandero –y tal vez algunos familiares– se reúnen alrededor de un altar simbólico, la mesa. Sobre la misma se disponen estratégicamente objetos poderosos, como botellas con hierbas, imágenes sagradas o piedras magnéticas que representan fuerzas opuestas: el bien y el mal, lo viejo y lo nuevo, lo masculino y lo feminino. Todo ello se organiza alrededor de un punto central de armonía. La misión del sanador andino era, y sigue siendo, restablecer el equilibrio del paciente para que pueda aceptar el flujo natural de los extremos, sin inclinarse más hacia un lado o hacia el otro.

Una vez finalizada la ceremonia, el curandero le receta a la persona un tratamiento para las siguientes semanas o meses: típicamente le dará una mezcla de plantas medicinales preparadas minuciosamente y consejos sobre cambios de hábitos. Estos rituales de curación milenarios siguen siendo comunes en el norte de Perú hoy en día y también, de forma notable, algunas de estas medicinas ancestrales pueden encontrarse cada vez más en clínicas estatales en todo el país.

A finales de la década de 1990, el Seguro Social de Salud de Perú, EsSalud, desarrolló el Programa Nacional de Medicina Complementaria y abrió tres centros en los principales centros urbanos del país: Lima, Arequipa y Trujillo. Actualmente, ya son 29 centros donde se ofrece una gama de tratamientos alternativos que incluyen terapias con plantas medicinales históricamente prescritas por los curanderos.

Esta estrategia se aprovecha de la rica diversidad de flora y tradiciones de Perú para ofrecer opciones de tratamiento asequibles y accesibles a cuantas personas sea posible. Es un enfoque innovador. Pero el programa ha tenido que superar múltiples obstáculos al actualizar su enfoque. Hasta el momento, solo una pequeña selección de plantas está disponible en las clínicas y el suministro sostenible de estas supone un desafío;  mientras que muchos pacientes potenciales siguen mostrando dudas, reticencias o simplemente desconocen sobre las nuevas opciones de tratamiento.

La ayuda, sin embargo, está llegando de una fuente inesperada: la antropología. A lo largo de casi dos décadas, investigadores de Estados Unidos y Perú han unido sus fuerzas para estudiar la etnobotánica y la antropología médica en el uso de plantas medicinales en las comunidades urbanas y rurales cerca de Trujillo, al norte de Lima, Perú. Han escarbado en un conocimiento casi perdido debido a la persecución de los curanderos durante la colonización española del Nuevo Mundo.

Nos motiva la posibilidad de mejorar la vida de las personas mediante la aplicación directa de la antropología cultural”, comenta el antropólogo Thomas Love del Linfield College, en Oregón. “Estas plantas son la primera línea de tratamiento de las personas”.

Los estudios realizados hasta la fecha han ayudado a rescatar la sabiduría enterrada en antiguas tradiciones curativas, y han arrojado luz sobre la esencia de lo que constituye una verdadera sanación a nivel social, emocional y físico. Así pues, las investigaciones no solo están desvelando tratamientos que podrían beneficiar a la medicina moderna, sino que también están mostrando posibles caminos hacia la salud holística en Perú y más allá.

Es un día de julio de 2018 y Luis Fernández Sosaya se pasea por el Centro de Medicina Complementaria de EsSalud en el centro de Trujillo, guiando a dos antropólogos. Fernández, un médico de profesión, es el coordinador del centro y, a su vez, un pionero del programa.

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Julia Calderón de Ávila, una curandera tradicional peruana, construyó este altar para una ceremonia de curación. Jane Palmer

Durante el 2018, estos antropólogos fueron los líderes de campo del Programa internacional de investigación  y capacitación sobre salud de las minorías y desigualdades en la atención de la salud que se desarrolla en el norte de Perú, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos. Uno es Douglas Sharon, cofundador del programa y proveniente de la Universidad Estatal de San Diego, y el otro es Love.

Afuera se escucha una cacofonía de cláxones de taxi, motores acelerados y personas gritando, pero en el interior del majestuoso edificio colonial reina un aura de curación relajada. El borboteo de las fuentes se mezcla suavemente con la música de Mozart, mientras que una ligera brisa transporta el aroma de las flores del jardín de la clínica. “El entorno y la belleza natural son parte importante de la curación”, comenta Fernández.

Los hombres se dirigen desde el jardín, donde muchas de las plantas medicinales prescritas por los médicos de EsSalud crecen, hasta la farmacia de medicina natural. Allí, Fernández muestra orgullosamente a los antropólogos el lugar donde partes  específicas de plantas –como la cola de caballo y la uña de gato–  que tienen propiedades medicinales se preparan cuidadosamente para ser administradas a los pacientes a los que se les ha recetado. En la actualidad, las clínicas de Perú ofrecen plantas medicinales en sus farmacias, cada una de ellas con sus años de rigurosas pruebas de seguridad y eficacia. Los especialistas médicos preparan, almacenan y conservan cuidadosamente las plantas y sus extractos para garantizar su plena efectividad y un suministro regular para los pacientes.

Las innovaciones de Perú en el ámbito de la salud pública se iniciaron hace casi 30 años. En 1991, el médico y erudito peruano Fernando Cabieses, quien es ese momento era senador, fundó y posteriormente dirigió el Instituto de Medicina Tradicional del país dentro del sistema de salud pública. Durante los siguientes 10 años, Cabieses fue pionero en muchos proyectos, como la creación de una red de jardines botánicos por todo Perú y el desarrollo de una serie de artículos científicos sobre seguridad, eficacia y control de calidad de 200 plantas medicinales ampliamente utilizadas en el país.

Al mismo tiempo, el sistema de salud pública de Perú tenía que afrontar nuevos desafíos. La población del país, al igual que en muchas otras zonas de América Latina, estaba envejeciendo y tenía que afrontar epidemias modernas que tensan el sistema de salud, como la hipertensión, la diabetes y el cáncer. Para hacer frente a la creciente demanda de recursos, se creó EsSalud dentro del sistema de seguridad social para servir a la clase obrera con seguro de salud, así como a sus familias, centrándose en la prevención y en el tratamiento de estas enfermedades a menudo relacionadas con el estilo de vida.

EsSalud también quería que su programa de prevención fuera sostenible y estuviera disponible para tantos pacientes como fuera posible. Las clínicas tenían que disponer de tratamientos que los clientes pudieran costearse, por lo que hicieron uso de los recursos disponibles. “No tiene sentido que un país tan rico en plantas como este no las esté usando”, afirma Fernández. “Y hay un enorme bagaje de conocimientos tradicionales y de sabiduría alrededor del uso de las plantas”.

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El antropólogo Douglas Sharon (izquierda) y el médico Luis Fernández Sosaya (derecha) hacen una pausa en  el jardín de la clínica de EsSalud. Jane Palmer

Por consiguiente, los pioneros de EsSalud eligieron la fitoterapia –el uso científico de las plantas en la medicina– como una de las primeras modalidades de tratamiento clínico a adoptar. Cuando dio inicio el programa, EsSalud eligió las 20 plantas más meticulosamente estudiadas para utilizar en las clínicas, una pequeña fracción del total utilizado tradicionalmente por los curanderos y las comunidades locales. En 2001, el país colaboró con la Organización Mundial de la Salud para elaborar un manual que resume la bibliografía científica disponible sobre 76 plantas medicinales y las enfermedades que estas podrían tratar.

Un estudio inicial que comparó el uso de la medicina complementaria con la medicina convencional dentro de EsSalud halló que los enfoques alternativos –como la terapia con plantas medicinales y la acupuntura– obtuvieron mejores resultados en eficiencia, satisfacción del paciente y reducción de riesgos futuros en el tratamiento y la prevención de diversos trastornos, como osteoartritis, ansiedad, migrañas y obesidad. En el 95 por ciento de los casos estudiados, también mostraron ser menos costosos. Las evaluaciones que año a año realiza EsSalud muestran que muchos pacientes pueden dejar del todo el uso de los medicamentos farmacéuticos que antes les prescribían.

Sin embargo, tratar de determinar cuáles de la inmensidad de riqueza en plantas disponibles pueden tener propiedades medicinales resultó ser una tarea titánica y complicada. No obstante, esto es si no miramos el bagaje de conocimiento transmitido a través de generaciones de comunidades que han usado plantas medicinales a lo largo de siglos.

En el inhóspito desierto costero del norte de Perú, junto al océano y a menos de tres kilómetros de Trujillo, se encuentran los restos de Chan Chan, la antigua capital del reino de Chimor. Hace 600 años, esta formidable ciudad albergaba más de 10.000 estructuras de adobe. Frisos decorados de centenares de metros de largo bordeaban palacios y templos. Actualmente, las paredes de color arena contrastan con el cielo claro y azul, y los únicos habitantes son los cuervos. Fue aquí donde surgió la gran fascinación de Sharon por los curanderos.

En 1957, Sharon dejó la escuela secundaria en Canadá para unirse a un grupo de exploradores arqueológicos en Perú y, en 1965, terminó en Chan Chan. En su periplo, conoció a Eduardo Calderón Palomino, un artista de formación,  a cargo de restaurar las formas geométricas y de animales que adornaban los frisos. Calderón también era curandero. Recurría a rituales, la intuición y las hierbas para curar a sus pacientes.

Los curanderos, como aprendió Sharon, ejercen en todo el Perú y se especializan en el uso de plantas de la zona. En el norte, estos chamanes utilizan los cactus psicoactivos de San Pedro, mientras que en las zonas de selva tropical los curanderos tienden más a utilizar una infusión psicoactiva de ayahuasca. Aunque en el pasado eran respetados y muy reconocidos por sus tratamientos, los curanderos fueron perseguidos por los colonizadores españoles a principios del siglo XVI. Hasta no hace mucho, persistía un prejuicio profundamente arraigado contra las prácticas de los curanderos.

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Catherine Gilman/SAPIENS

Calderón era un extrovertido que se enorgullecía de los servicios que proporcionaba a su comunidad. Su actitud y su trabajo inspiraron a Sharon, quien obtuvo un título universitario en antropología cultural y se convertió en aprendiz de Calderón. En 1978 y 1979, juntos impartieron un curso sobre medicina tradicional a estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Trujillo. Calderón falleció en 1996, pero la red de curanderos de Sharon se expandió: a la fecha, ha estudiado y trabajado con 15 curanderos.

En 1981, Sharon asumió la dirección del Museo del Hombre de San Diego y, en la década de 1990, su trabajo de campo con las plantas medicinales se amplió a Ecuador. Trabajó con el etnobotánico Rainer Bussmann, director científico de Naturaleza y Cultura Internacional, en Loja, Ecuador. Ambos investigadores estudiaron la medicina tradicional y el uso de plantas medicinales en Ecuador y Perú.

Cuando en 1999 EsSalud de Perú comenzó a explorar el uso de plantas medicinales, Sharon vio inmediatamente que su investigación con Bussmann podría resultar de ayuda. “Era una gran oportunidad –la puerta se estaba abriendo y me di cuenta de que, mira, un botánico y un antropólogo pueden hacer mucho aquí–”, comenta Sharon.

Sharon y Bussmann iniciaron su propio programa para determinar la amplia gama de plantas medicinales utilizadas por los curanderos durante generaciones. “Estas personas son bibliotecas vivas de esta herencia”, dice Sharon.

Los dos científicos trabajaron junto a su red de curanderos para confeccionar y publicar una base de datos con 512 especies de plantas medicinales y 974 mezclas botánicas que los sanadores empleaban para tratar diversas dolencias. “Cuando empecé a documentar plantas medicinales con Eduardo Calderón pensé que llegaríamos a unas cuantas docenas. Pero cuando ya se terminaba la tarde tuve que apagar la grabadora y  continuar al día siguiente porque no paraba de hablar, hablar y hablar”, dice Sharon. “Y todo estaba en su cabeza. Nada de esto estaba por escrito”.

En su análisis, los investigadores descubrieron que los curanderos utilizaban las plantas catalogadas en la base de datos en más de 2.000 formas diferentes. A veces, ciertas partes de la planta se utilizaban como ungüento para determinadas dolencias y otras como remedio oral. Los curanderos elegían más del 40 por ciento de las plantas para tratar trastornos del “sistema nervioso”. También trataban problemas respiratorios, dolencias renales y urinarias, trastornos cardíacos y circulatorios, afecciones reumáticas y artríticas y problemas del sistema reproductivo femenino. “Muchos de los tratamientos de los curanderos son para tratar enfermedades en las que el estrés puede influir, como enfermedades autoinmunes, artritis, fibromialgia, intestino irritable y psoriasis, dolencias que se prolongan y que la medicina occidental no sabe tratar correctamente”, dice Bussmann.

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Una muestra en la clínica EsSalud de Trujillo deja ver una variedad de remedios tradicionales basados en las plantas. Jane Palmer

Bussmann, como botánico, comenzó a ordenar la información en un marco científico. En la década de 1990, sus estudiantes salían a obtener las plantas en el campo y en los mercados locales, y preparaban especímenes para el herbario. En 2005, científicos estadounidenses y peruanos comenzaron a trabajar con laboratorios locales para caracterizar la composición de los extractos de las plantas, comprobar que las plantas utilizadas para tratar infecciones tuvieran propiedades antibacterianas y ver si las plantas eran tóxicas.

Las investigaciones en el laboratorio revelaron que la mayoría de los extractos de las 141 plantas utilizadas para tratar enfermedades infecciosas tenían actividad antibacteriana. Gail Willsky, un bioquímico de la Universidad de Buffalo que se involucró en el proyecto en 2011, cree que la medicina occidental tiene la oportunidad de aprender sobre el uso que los curanderos le dan a las plantas. Hace 50 años, nadie sabía que las bacterias podían causar úlceras, pero ahora los medicamentos que matan la bacteria Helicobacter pylori constituyen un tratamiento estándar para las úlceras. “Así que es interesante ver lo que los curanderos utilizan para tratar enfermedades que no consideramos infecciosas”, dice Willsky.

En 2011, cuando Sharon creía que ya tenían suficiente información verificada para que fuese valiosa para EsSalud, se acercó a Fernández para ofrecerle la ayuda de su grupo. Los antropólogos han colaborado con los esfuerzos de EsSalud desde entonces. Ellos continúan reuniendo información sobre plantas medicinales, documentan la familiaridad cultural con estas terapias e investigan el amplio conocimiento y visión del mundo de los curanderos.

Es una mañana fresca y nublosa en Huanchaco, y los pescadores están en sus caballitos de totora, un tipo de bote de caña utilizado en la región desde hace miles de años. En la colina se encuentra una de las iglesias más antiguas de Perú, que contrasta con los restaurantes modernos y puestos de souvenirs alineados en el paseo marítimo, listos para recibir a los turistas.

Frente a este telón ecléctico de tradiciones ancestrales e influencias modernas, los estudiantes de Love y Sharon han dedicado semanas a ir de puerta en puerta para desentrañar el conocimiento y el uso de plantas medicinales de los lugareños. También han documentado las percepciones y las preferencias de los entrevistados con respecto a la medicina occidental y tradicional. Para principios de julio, cada estudiante había realizado 100 entrevistas en Huanchaco y la cercana localidad de Huanchaquito.

Sharon inició estas encuestas en clínicas en 2002 y Love se unió a estos estudios en 2009. Hasta la fecha, han descubierto que típicamente los peruanos del norte poseen una gran cantidad de conocimientos sobre la terapia tradicional con hierbas y continúan a utilizándola como una alternativa a la medicina occidental. “Lo que me impactó es cuan pragmáticas son las personas”, comenta Love. “Les da igual utilizar las plantas medicinales como los productos farmacéuticos”.

De hecho, en las clínicas públicas, privadas y herbarias de Trujillo y sus comunidades vecinas, las personas optan casi por igual por la medicina tradicional y la occidental. Los hallazgos recientes de los estudiantes muestran que la conveniencia, el costo y  la familiaridad  juegan un papel en la elección final del paciente.

Muchas personas dicen que usarían tanto las plantas como los productos farmacéuticos, pero que a menudo elegirán la medicina occidental porque funciona más rápido”, dice Kennedi Dean, una estudiante de ciencias de la vida en la Universidad de Howard, en Washington, D.C. Según Francisco Hernández, estudiante de la Universidad Estatal de San Diego, el número de farmacias en Huanchaco hace que sea más práctico utilizar productos farmacéuticos, a pesar de la preferencia de las personas por las plantas medicinales.

Comprender los conocimientos locales sobre la medicina tradicional podría actualizar la base de datos de EsSalud y ayudar a las clínicas en sus esfuerzos de divulgación. EsSalud quiere que las comunidades entiendan que la clínica es un recurso adicional para una vida sana y que las plantas medicinales son una terapia respaldada por la ciencia, más allá de una tradición cultural transmitida a través de las generaciones.

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Durante una ceremonia de curación típica, la curandera Julia Calderón utiliza hierbas embotelladas, como las que se muestran aquí. Alyson Spery

Los equipos de investigación de Sharon y Love también están identificando esas dolencias que, por carga cultural, social y emocional, muchos peruanos consideran que solo pueden se tratadas por un curandero. Se incluyen dolencias como el “miedo”, la “vergüenza” y el “mal de ojo”, una enfermedad provocada por la envidia o la mala voluntad de otra persona. Estudios anteriores han encontrado que el 90 por ciento de las personas entrevistadas creen en o conocen sobre tales dolencias. Para los estudiantes, varios de los cuales planean formarse como médicos o antropólogos, estas ideas hacen hincapié en hasta qué punto los factores culturales y sociales inciden en la salud humana.

Muchos peruanos parecen tener en consideración tanto un enfoque mental como físico sobre la enfermedad, comenta Love. “Hay que tener en cuenta la manera como entienden la enfermedad”, dice. “Consideran que incluye aspectos psicológicos y sociales a la vez”.

Para Elide Sánchez Rivera, estas ideas resultan familiares. Al igual que los demás del equipo, es de origen estadounidense y, como otros tres del grupo, sus padres se mudaron a los Estados Unidos desde México. La abuela de Sánchez sabía cómo tratar a las personas con plantas medicinales, incluyendo cómo quitarle a las personas el “mal de ojo”. Cuando a ella y a los otros estudiantes de Love y Sharon se les ofreció la oportunidad de participar en un ritual de curación con Julia Calderón de Ávila, curandera de vasta experiencia e hija de Eduardo Calderón, Sánchez aprovechó la oportunidad.

Una vez que Sánchez se encontraba sobre la estrella blanca, empezaron los cantos, los silbidos y las sacudidas. Calderón encendió el incienso y empezó a rociar una mezcla de harina de maíz, perfumes de color claro y flores blancas sobre Sánchez, en una ceremonia pensada para erradicar cualquier influencia negativa en su vida. La misión de la curandera es ayudar a sus pacientes a avanzar con claridad y confianza de cuerpo, mente y espíritu.

Aunque el alcance del interés de EsSalud se concentra en el conocimiento de los curanderos sobre las plantas medicinales, Sharon destaca que su valor no se limita únicamente a esta tradición. Los curanderos, dice, “tienen un sentido agudo e intuitivo sobre la gente”, y en América Latina, la gente llama a esta capacidad intuitiva para adentrarse en el alma de una persona el don. El cree que este talento es la esencia de la capacidad de curación de los curanderos.

Durante las cinco décadas que ha trabajado en Perú, Sharon ha visto algunos avances prometedores en las actitudes que se tienen hacia los antiguamente perseguidos curanderos. En 2015, el Ministerio de Cultura lanzó una iniciativa para reconocer el curanderismo de la región costera del norte del Perú como “patrimonio cultural de la nación.”

Si llega a buen término, será un gran paso”, dice Sharon. Además, EsSalud invitó a Julia Calderón a la edición de 2018 del Congreso Mundial sobre Plantas Medicinales e Investigación de Productos Naturales. “Otro pequeño paso”, afirma.

Sharon cree que el futuro reside en reconocer el papel de los curanderos en la promoción de la salud pública, una visión que requiere un mayor reconocimiento de esta antigua práctica tradicional de sanación. Pero ello no tiene por qué significar integrar plenamente la medicina tradicional y los curanderos en el sistema de salud pública. Por el contrario, Sharon ve a los curanderos y a EsSalud en vías paralelas, cada uno curando a las personas, y que, en ocasiones, colaboran entre sí.

Tal colaboración haría eco del énfasis que hacen los curanderos del aspecto total y final mediante la combinación de opuestos, lo que Sharon llama el “yin yang peruano”. Lo viejo y lo nuevo, lo tradicional y lo moderno, todo puede funcionar en armonía para llevar a cada paciente y a su sistema de salud pública, a un punto de bienestar equilibrado.

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